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sábado, 28 de marzo de 2015

ANGELUS NOVUS




Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se muestra a un ángel que parece a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; así es como uno se imagina al Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

WALTER BENJAMIN

sábado, 30 de noviembre de 2013

LA TAREA DEL SURREALISMO







"Sumar a la revolución las fuerzas de la embriaguez : en eso consiste
 la tarea del surrealismo".
WALTER BENJAMIN

martes, 25 de septiembre de 2012

NIÑO MONTADO EN EL TIOVIVO



 NIÑO MONTADO EN EL TIOVIVO.
La plataforma con los solícitos animales gira casi a ras del suelo. Tiene la altura ideal para soñar que se está volando. Ataca la música, y el niño se aleja, dando tumbos, de su madre. Al principio tiene miedo de abandonarla. Pero luego advierte lo fiel que es a sí mismo. Cual fiel soberano, gobierna desde su trono un mundo que le pertenece. En la tangente, árboles e indígenas hacen calle. De pronto, en algún oriente, reaparece la madre. De la selva virgen surge luego la copa de un árbol tal como el niño la vio hace ya milenios, tal como acaba de verla ahora en el tiovivo. Su animal le tiene afecto: cual mudo Arión va el niño montado en su pez mudo, un toro-Zeus de madera lo rapta como a una Europa inmaculada. Hace ya tiempo que el eterno retorno de todas las cosas se ha vuelto sabiduría infantil, y la vida, una antiquísima embriaguez de dominio con el estruendoso organillo en el centro, cual tesoro de la corona. Al tocar éste más lentamente, el espacio empieza a tartamudear y los árboles, a volver en sí. El tiovivo se convierte en terreno inseguro. Y aparece la madre, ese poste tantas veces abordado, en torno al cual, el niño, al tocar tierra, enrolla la amarra de sus miradas.


WALTER BENJAMIN

viernes, 3 de agosto de 2012

EL OFICIO DE ESCRITOR



LA TÉCNICA DEL ESCRITOR EN TRECE TESIS

I. Quien se proponga escribir una obra de gran envergadura, que se dé buena vida y, al terminar su tarea diaria, se conceda todo aquello que no perjudique la prosecución de la misma.
II. Habla de lo ya realizado, si quieres, pero en el curso de tu trabajo no leas ningún pasaje a nadie. Cada satisfacción que así te proporciones, amenguará tu ritmo. Siguiendo este régimen, el deseo cada vez mayor de comunicación acabará siendo un estímulo para concluirlo.
III. Mientras estés trabajando, intenta sustraerte a la medianía de la cotidianidad. Una quietud a medias, acompañada de ruidos triviales, degrada. En cambio, el acompañamiento de un estudio musical o de un murmullo de voces puede resultar tan significativo para el trabajo como el perceptible silencio de la noche. Si éste agudiza el oído interior, aquél se convierte en la piedra de toque de una dicción cuya plenitud sepulta en sí misma hasta los ruidos excéntricos.
IV. Evita emplear cualquier tipo de útiles. Aferrarse pedantemente a ciertos papeles, plumas, tintas, no es provechoso. No el lujo, pero sí la abundancia de estos materiales es imprescindible.
V. No dejes pasar de incógnito ningún pensamiento, y lleva tu cuaderno de notas con el mismo rigor con que las autoridades llevan el registro de extranjeros.
VI. Que tu pluma sea reacia a la inspiración; así la atraerá hacia ella con la fuerza del imán. Cuanto más cautela pongas al anotar una ocurrencia, más madura y plenamente se te entregará. La palabra conquista al pensamiento, pero la escritura lo domina.
VII. Nunca dejes de escribir porque ya no se te ocurra nada. Es un imperativo del honor literario interrumpirse solamente cuando haya que respetar algún plazo (una cena, una cita) o la obra esté ya concluida.
VIII. Ocupa las intermitencias de la inspiración pasando en limpio lo escrito. Al hacerlo se despertará la intuición.
IX. Nalia dies sine linea —pero sí semanas.
X. Nunca des por concluida una obra que no te haya retenido alguna vez desde el atardecer hasta el despuntar del día siguiente.
XI. No escribas la conclusión de la obra en tu cuarto de trabajo habitual. En él no encontrarías el valor para hacerlo.
XII. Fases de la composición: idea-estilo-escritura. El sentido de fijar un texto pasándolo en limpio es que la atención ya sólo se centra en la caligrafía. La idea mata la inspiración, el estilo encadena la idea, la escritura remunera al estilo.
XIII. La obra es la mascarilla funeraria de la concepción.



WALTER BENJAMIN

miércoles, 23 de febrero de 2011

SÓLO MOSTRAR


Nada que decir.
Sólo mostrar.

domingo, 25 de abril de 2010

EL PASEANTE




Es posible que el paseo sea la forma más pobre de viaje, el más modesto de los viajes.

Y, sin embargo, es uno de los que más decididamente implica las potencias de la atención y de la memoria,

así como las ensoñaciones de la imaginación y ello hasta el punto de que podríamos decir que no puede cumplirse auténticamente como tal sin que ellas acudan a la cita.

Pasado, presente y futuro entremezclan siempre sus presencias en la experiencia del presente que acompaña al paseante y le constituye en cuanto tal.

El paseo es un empleo del tiempo que nos lleva al encuentro de nuestra existencia,

y pasear un proyecto que nos libera de todo proyecto.

Se trata de reivindicar la dignidad y el valor de lo singular, lo fugitivo, lo transitorio, lo efímero,

salvándolo del cerco amenazador reduccionista.

"La gente vuelve muda de la guerra" -constata, entre asombro y escándalo, en "Experiencia y pobreza"-.

Y obviamente, lo que aquí defiende el paseante es la dignidad de una experiencia desde la cual la verdad siempre es un trance .

El Paseante sale al encuentro de aquello que sólo cuando se encuentra se sabe que ese estaba buscando.

"yo no busco, encuentro" de ese infatigable "buscador" que fue Picasso.

Podríamos decir que el Paseante sale a la captura de instantes o de rostros -de los rostros del instante;

de un presente que, de pronto, nos ofrece su rostro.

Para capturar el rostro del instante es necesario poner en obra esa atención flotante y sin plan

de la que es incapaz el que busca construir en edificio su experiencia.

P.. Handke: "Cuando observo (en lugar de contemplar) apago los colores del mundo"

El Paseante busca el encuentro con un presente que le ofrezca su rostro -es un cazador de rostros,

como otros tantos mundos posibles, como otras tantas posibilidades de mundo.

Tal es la definición que da Benjamín de la experiencia del aura:

dejar que las cosas levanten la mirada, devolverles a las cosas el derecho a tener rostro.

Buchner, en ese bellísimo paseo que es Lenz , escribe:

"Continuó: la naturaleza más simple, más pura se relaciona próximamente con la elemental,

mientras más finamente sienta y viva espiritualmente, tanto más abúlico se haría este sentido elemental;

no lo considera un alto estado, no es suficientemente independiente, pero cree que debe ser un infinito sentimiento de deleite al ser tocado así por la vida peculiar de cada forma:

tener un alma para piedras, metales, agua y plantas;

recibir como en sueño cada ser de la naturaleza como las flores reciben el aire con el crecimiento y el decrecimiento de la luna"

La ausencia de presión del sujeto sobre el objeto que caracteriza la experiencia del Paseante

se corresponde con un tipo específico de memoria:

la memoria involuntaria -la emergencia de aquello que nos fuerza a recordar:

"esa fuerza rejuvenecedora que ha surgido durante el amargo envejecer"-.

Por ello también el paseante nada tiene que ver con el turista por más culto que éste pueda ser,

ni con el simple cazador de souvenirs.

Porque el modelo de libertad en el que Benjamín sueña nada tiene que ver con la edad adulta de la razón, siempre póstuma, y sí con alguna suerte de infancia resucitada.

Porque el Paseante siempre pasea con su niño, es siempre el niño que fuimos quien pasea.-

Porque el paseo modélico siempre será una tarde de novillos.

Como decía Zarazustra al final de su peregrinación, uno sólo se experimenta a sí mismo.