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viernes, 13 de noviembre de 2015

miércoles, 16 de julio de 2014

SU VOZ



SU VOZ.
No se trata de la voz de nadie. ¡Pues claro que sí! Precisamente: se trata, se trata siempre, de la voz de alguien). Intento poco a poco expresar su voz. Pruebo con un acercamiento adjetivo: ¿ágil, frágil, juvenil, un poco quebrada? No, no es eso exactamente; más bien: demasiado cultivada, con un dejo de inglés. ¿Y ésta: breve? Sí, si lo desarrollo: tendía en esta brevedad, no a la torsión (la mueca) de un cuerpo que se retoma y se afirma, sino por el contrario a la caída agotadora del sujeto sin lenguaje y que ofrece la amenaza de la afasia bajo la cual se debate: a diferencia de la primera, es una voz sin retórica (pero no sin ternura). Habría que inventar, para todas estas voces, la metáfora exacta, la que, una vez hallada, lo posee a uno para siempre; pero es tan grande la ruptura entre las palabras que me vienen de la cultura y ese ser extraño (¿es sólo sonoro?) que rememoro fugitivamente a mi oído, que no la encuentro. 

Esta impotencia podría provenir de lo siguiente: la voz está siempre ya muerta, y es por una denegación desesperada por lo que la llamamos viva; a esta pérdida irremediable le damos el nombre de inflexión: la inflexión es la voz en lo que ésta tiene siempre de pasado, de callada. 

De allí a comprender lo que es la descripción: se agota tratando de expresar lo mortal propio del objeto, simulando (la ilusión a través de la inversión) creerlo, quererlo vivo: "darle vida" quiere decir "verlo muerto". El adjetivo es el instrumento de esta ilusión; diga lo que diga, por su sola cualidad descriptiva, el adjetivo es fúnebre. 


En Roland Barthes por Roland Barthes
Traducción: Julieta Sucre 

martes, 10 de junio de 2014

domingo, 5 de mayo de 2013

ARROGANCIA


ARROGANCIA
No le gustan para nada los discursos de victoria. Como no tolera la humillación de nadie, en cuanto se anuncia en alguna parte una victoria, siente ganas de irse a otra parte (si fuese Dios, trastocaría continuamente las victorias –¡que es, por otra parte, lo que hace Dios!) Ya en el plano del discurso, la victoria más justa se convierte en un mal valor de lenguaje, en una arrogancia: esta palabra, encontrada en Bataille, quien habla en alguna parte de la arrogancia de la ciencia, la ha extendido a todos los discursos triunfantes. Sufro, pues, tres arrogancias: la de la Ciencia, la de la Doxa, la del Militante. 

La Doxa (palabra que aparecerá a menudo aquí), es la Opinión pública, el Espíritu mayoritario, el Consenso pequeño-burgués, la Voz de lo Natural, la Violencia del Prejuicio. Se puede calificar de doxología (palabra de Leibnitz) toda forma de hablar que se adapta a la apariencia, a la opinión o a la práctica. 

Lamentaba a veces el haberse dejado intimidar por lenguajes. Alguien le decía entonces: ¡sin embargo, sin eso, usted no hubiese podido escribir! La arrogancia circula como un vino espeso entre los convidados del texto. El intertexto no abarca sólo textos delicadamente escogidos, secretamente amados, libres, generosos, discretos, sino también textos comunes, triunfantes. Usted mismo puede ser el texto arrogante de otro texto. 

No sirve de mucho decir "ideología dominante", pues es un pleonasmo: la ideología no es otra cosa que la idea en tanto que domina (PIT, 53). Pero yo puedo enriquecerlo subjetivamente y decir: ideología arrogante. 

ROLAND BARTHES

lunes, 1 de noviembre de 2010

DIARIO DE DUELO


En la frase: "Ella ya no sufre", ¿a qué, a quién remite "ella"? ¿Qué quiere decir ese presente?

...que esta muerte no me destruya por completo, quiere decir que decididamente quiero vivir perdidamente, hasta la locura, y que por lo tanto el miedo de mi propia muerte está ahí, no se ha desplazado ni una pulgada.

A veces, muy brevemente, un momento blanco --como de insensibilidad-- que no es momento de olvido. Eso me espanta.

Camino quiera que no a través del duelo.

Vuelve sin cesar inmóvil el punto ardiente: las palabras que me dijo en el aliento de la agonía, hogar abstracto e infernal que me sumerge /.../.

Duelo puro, que no debe nada al cambio de vida, a la soledad, etc. Rayadura, abertura de la relación de amor.

Cada vez menos cosas que escribir, que decir, sino eso (pero no lo puedo decir a nadie).

Golpeado por la naturaleza abstracta de la ausencia; y sin embargo es ardiente, desgarradora. De ahí que entienda mejor la abstracción: es ausencia y dolor, dolor de la ausencia --¿quizá es entonces amor?

Mi sorpresa --y por así decir mi inquietud (mi malestar) viene de que, a decir verdad, ésta no es una carencia (no puedo describir esto como una carencia, mi vida no está desorganizada), sino una herida, algo que duele en el corazón del amor.

Frío, noche, invierno. Estoy en donde hace calor y sin embargo solo. Y comprendo que será preciso que me acostumbre a estar naturalmente en esta soledad, a actuar en ella, a trabajar en ella, acompañado, pegado por la "presencia de la ausencia".

A cada "momento" de aflicción, creo que es el mismo en el que por primera vez realizo mi duelo.
Esto quiere decir: totalidad de intensidad.

Ahora, a veces sube en mí, inopinadamente, como un globo que revienta: la constatación: ella ya no está, ella ya no está, para siempre y totalmente. Es algo mate, sin adjetivo --vertiginoso porque insignificante (sin interpretación posible).

Dolor nuevo.

Duelo: no aplastamiento, bloqueo (los cual supondría un "lleno"), sino una disponibilidad dolorosa: estoy en alerta, esperando, espiando la llegada de un "sentido de vida".

En el corazón más negro de este silencioso domingo por la mañana:

Ahora sube poco a poco en mí el tema serio (desesperado): ¿a partir de ahora qué sentido para mi vida?

Ya no muchas notas --sino: desgracia-- continuo malestar cortado por desgracias (hoy, desgracia. No se escribe el malestar).

Todo me desuella. Una nada levanta en mí el abandono.
Soporto mal a los otros, el querer-vivir de los otros, el universo de los otros. Atraído por una decisión de retiro lejos de los otros /.../.

Lo irremediable es a la vez lo que me desgarra y lo que me contiene (ninguna posibilidad histérica de chantaje con el sufrimiento, puesto que todo ya ha sido juzgado).

No tengo deseo sino necesidad de soledad.

Aprender la (terrible) separación de la emotividad (se sosiega) y del duelo, de la aflicción (está ahí).

La aflicción, como una piedra...
(en mi cuello,
en el fondo de mí)

¿Escribir para acordarse? No para recordarme, sino para combatir el desgarramiento del olvido en cuanto que se anuncia absoluto. El --pronto-- "ya ninguna huella", en ninguna parte, en nadie. /.../

Como el amor, el duelo sella el mundo, a lo mundano, de irrealidad, de inoportunidad. Resisto al mundo, sufro de lo que me pide, de su petición. El mundo acrece mi tristeza, mi aridez, mi trastorno, mi irritación. El mundo me deprime.

(Duelo)
No Continuo, sino Inmóvil.

No deseo nada más que habitar mi aflicción.

Escribo cada menos mi aflicción, pero en un sentido es más fuerte, ha pasado al rango de lo eterno desde que ya no la escribo más.

No se olvida,
pero algo de átono se instala en uno.

ROLAND BARTHES